NOVIEMBRE 30 DE 2011

JESÚS  MARÍA BURGOS, UN “CURA” BOQUISUCIO

En una humilde vivienda  del municipio de Fredonia rodeada de gallinas, cerdos, perros, gatos  y , en fin, de otros animales domésticos que entonces  constituían el pequeño zoológico que nuestros viejos solían  tener perviviendo con ellos en sana convivencia, nació un rollizo bebé, a quien, sin contar con su consentimiento  don Jesús María Burgos y doña Rosa Castaño,  bautizarían  , Jesús María Burgos Castaño; desde entonces comenzó a formar parte del ramillete de vástagos de esa camada, con  Mira, Raquel, Mariela, Alfonso, Alfredo  y Bertulfo. Ese acontecimiento del 18 de abril de 1913,  sin torta, sin mariachis y ni siquiera con agua aromática, los celebró su familia con mucho amor.

El “título de “cura”, no se lo dio la santa sede ó la arquidiócesis; ni siquiera la parroquia de su pueblo, que tenía al frente al  propio tío de su padre; tampoco tuvo que ver ningún tipo de debilidad por las sotanas o la lectura de las santas escrituras;  ese se lo ganó por parte de la misma comunidad, a los ocho  años, por causa de una pilatuna, siendo monaguillo.

Resulta que un día cualquiera, el muchachito se perdió y sin  pretender emular al hijo del carpintero de hace 2011 años,  después de que sus padres le buscaran por la seca y la meca, le encontraron jugando con las hostias del   “tío   cura”- Menos mal que estaban sin bendecir y menos mal que su madre era las que las hacía, porque sino este inocente pero travieso infante no se hubiera criado. Claro que la cosa no se quedó así,  los padres del niño, quien por su pilatuna, recibió el  mote de “curita” comenzaron a recibir duras críticas de los vecinos, por causa de la actitud cuasi profana del infante , lo que obligó a esta familia, azuzada por la presión  de éstos, a salir en “bombas” , del pueblo ,   muertos de la vergüenza.

Ya en la capital, el primer sitio en donde se ubicaron fue en una casa de bareque ,  en San Juan con Niquitao, al oriente de la ciudad,  un sector que forma parte de un barrio que pocos identifican, pero que aparece registrado como barrio Colombia, ubicado en la  comuna diez.

 A los  pocos días,  como dándole una especie de bienvenida a la familia Burgos Castaño,  se quemó el parque Berrìo, que se encontraba casi en su totalidad, construido en madera, salvándose  los edificios Colombiana de tabaco y el edificio Henry. En su nueva estadía, su padre y tocayo, se comenzó a ganar la vida  viviendo del café que traía de  la tierrita paterna y del arreglo de zapatos.

 Cerca de la humilde vivienda  que estaba ubicada la escuela Mata de caña y allí  el “curita” con su característica hiperactividad, entre “coscorronazos”  con sus compañeritos, logró estudiar    poco tiempo, no sin antes dejar casi  que de manicomio a su profesor.

A propósito, un día cualquiera llegó a su casa con un genio del carajo, sentenciando: “Yo   no quiero volver a esa escuela , prefiero quedarme bruto”, le dijo a sus atónitos padres. Y a fe que logró su cometido. No hubo poder humano que le sacara de la cabeza esa decisión. La razón? Un profesor del que sólo recuerda se llamaba Pedro Nel ; negrito, jetón  y de pelito quieto, le pegó dos reglazos en sus dos  manos,  ante la mirada burlona de sus compañeritos, por causa de una travesura. Contaba él, sobre el particular que el señor, tras quemarle sus tiernas manos, lo obligó a que se arrodillara con las manos arriba  y pidiera perdón pero que prefirió salir en carrera del salón, para nunca más volver; claro que dejándole un recuerdo al profesor  con uno de sus compañeritos: “Dígale a ese negro hijueputa, que yo por aquí no vuelvo”. Y……..no volvió

Su padre, a pesar de  su tierna edad, le dijo: “bueno mijo sino quiere estudiar, entonces trabaje”.  Desde entonces y aceptando la exigencia de su padre, le acompañó en la venta de zapatos, en los recorridos por los pueblos, como Bello, Copacabana, Barbosa ,  Girardota y  en   general, los  no muy lejanos que entonces se podían recorrer, cuando el ferrocarril  de Antioquia, era lo “in”  en materia de movilidad y tenía vivo el trayecto Medellín- Puerto Berrío.

Un poco mayor, como a los 14 o 15 años, comenzó a vender el periódico el Colombiano en las calles; en esas largas jornadas, aprovechaba para ojearlo  y, prácticamente  en esa tónica aprendió a leer. Ya  en la edad de” bajarse los calzones” ó sea la mayoría de edad, como le decían los viejos a   esa etapa de  los hombres, comenzó a saborear las  pasiones de su vida: el fútbol, los toros, el boxeo y el aguardiente; este último considerado por  el cura Burgos, como lo más sublime que hay en la vida. Con razón algunos cercanos bohemios  llegaron a afirmar, que en su larga existencia, el “presbítero” , juntando las botellas, pudo haberse bebido, en compañía de las “chuchas”( sus hijos mayores, Fernando y Álvaro) , una piscina olímpica.

El deportivo independiente Medellín, nació de la mano del Cura burgos. Como todo parto doloroso, éste no fue la excepción; al comienzo le tocó ser mánager, entrenador y representante legal de ese puñado de jóvenes llenos de talento y pundonor. En los preludios de ese proyecto  futbolístico, le tocó con sus protegidos, pasar por las verdes y las maduras: rifas, actividades gastronómicas, bailes, bazares y bingos, formaron parte de sus estrategias para hacerse e a unos  dineros con los que  fundó un fondo económico, para enfrentar los gastos más prioritarios. Incluso, en su afán por dar a conocer sus “pelaos”, se desplazaron a otros municipios y departamentos, sólo con los pasajes, alimentación y estadía, en donde jugaban amistosos, mostrando un gran talento con la pelota, hasta que en los comienzos del años 30, la Federación fijó sus ojos en ellos. Desde entonces, el dinero comenzó a verse y las nuevas figuras, entraron  sazonar.

La concejala de Medellín  María Mercedes Mateus que conoció al “Cura” Burgos, siendo ella una  polla,  tiene una imagen muy grata de él: era una persona extrovertida y locuaz, pero asimismo   amable y servicial. Ah, e incha del Medellón , como lo es ella, que construyó un altar (foto) en su oficina en honor al rojo

Su afición por el fútbol y los toros, pese a su escasa preparación académica, le motivaron a sacar el 20  julio de 1944 la revista LA CÀTEDRA;  con este proyecto periodístico cobraría vida,   la que sería la más tenebrosa  revista, jamás conocida en Antioquia:   apodos, falsos testimonios, especulaciones tendenciosas, presunciones, consejas ; todo ello mezclado con apuntes de fútbol, boxeo y tauromaquia ; dicho por Orlando Cadavid Correa  “ un divertido amasijo , en el que predominaba el humor y la calumnia”.  En la cátedra se hablaba de todo  el mundo, pero no se le sostenía a nadie.

En la medida que la Cátedra crecía en lectores  y su repertorio de palabras de grueso calibre e improperios, comenzaron a tomar fuerza. Sobre estos llegó a afirmar, para justificarlo: “para qué voy a negarlo: he sido y soy vulgar; pero últimamente me he pulido: Por ejemplo , no voy a repetir los nombres de los hijueputas deudores morosos de la revista La cátedra, porque  sería  inelegante y eso ya es vulgaridad: Ya no los llamo por “ese apellido”, pero   en cambio se las digo en Francés, Italiano y Árabe. En francés se dice Fis de puté

La  página más  tenebrosa que tenía la Cátedra, era el famoso “Cementerio laico”, en el que encabezaba Jesús Crucificado , como “Anestesiando   los improperios, que él escribía contra quienes    no pagaban, los avisos publicitarios ,    el  consumo de aguardiente  ó los  frijoles con garra de “mirapalsuelo,  en el negocio de su propiedad ubicado en la América, reconocido “corredor polaco” y, eso sí, ¿Ay del que le  debiera; más le valiera enterrarse en un bunker. Con esta preámbulo  dejaba sin aire a quienes le quedaban debiendo: “Aquí descansaron para siempre los hijueputas deudores morosos que detallo a continuación”:

Burgos, el más alto en la foto)

Algunas  de las victimas de su pluma cáustica y  envenenada, fueron  entre otros ilustres, Miguel Zapata Restrepo y Alfonso  López Pumarejo. En esa misma línea no sobra recordar que el entonces  alcalde de la Dorada- Caldas, en la década del cincuenta , estuvo  en su negocio y le dio por tomar trago sin gas…….tar un peso, además de que estuvo hospedado allí , varios días. El cura, que no se perdía ni media, contrató un fotógrafo para que le tomara una foto; cuando la tuvo en su poder, le mandó hacer un montaje y en vez de su cabeza y rostro, puso la de un cerdo, con el siguiente aviso: “este es el alcalde Pablo Emilio Duque, que se  fue sin pagar. El caso fue que la revista la cátedra comenzó a circular en forma profusa, llegando hasta el propio despacho del   alcalde. Enterado de esto el gobernador, le entregó la carta con el ácido……ha sido declarado insubsistente; días después el alcalde era un vago más.

Pese a los improperios y sátiras que el cura publicaba en su revista, que a la postre y dado su peculiar estilo comenzó a cautivar lectores; en sus páginas, no se sabe si por colaboración o temor, los clientes se los pagaban generosamente.  Es más, contaba  con  excelentes columnistas   como el desaoparecido Henao Gaviria   y patrocinadores entre los que  se destacó Jak de Bedout (foto)

 Dada  esta buena racha, en 1951, la revista ya era de 20 páginas; ello sirvió para mejorar sus estatus y pronto se hizo al anhelo  no sólo de comprar su casa, sino además una heladería  en la placita de la América que  adoptó el mismo nombre de la publicación.

Por las calendas de 1964,  invitó a pepe Cáceres, con quien llegó a tener una muy buena amistad; además porque el torero le había regalado una corrida en beneficio de unos ciclistas que nos representarían en los Olímpicos de Tokio. De ahí se desprende  esta  simpática anécdota:

Con motivo de una competencia ciclística  que se llevaría a cabo en Tokio; para agasajarlos y congraciarse,  el cura Burgos invitó a los deportistas y les ofreció en su negocio, un combinado. Esa noche de jolgorio  Ramón Hoyos Vallejo, uno de los invitados, tal vez por el sincero  gesto del cura ó porque sencilla y llanamente los platos  estaban   deliciosos, se comió tres más y lo peor, cuando el cura se los cobró, el ciclista se negó a pagar. Días después la  publicación de su nombre en la revista la cátedra fue vox populi; aprovechó una de sus fotos en la vuelta a Colombia, en la que por circunstancias de la dura competencia , alguna vez  le dejó ver a un fotógrafo,  más allá de donde la espalda pierde la decencia de su nombre ; no se sabe como pero el cura Burgos se hizo a esa foto y posteriormente la publicó en la Cátedra, con un comentario más o menos así: “Ramón Hoyos se fue sin pagarme los típicos, pero dio papaya” ; colorado como un tomate el marinillo ,   en  ”bombas”  mandó a un emisario a que cancelara la  gastronómica deuda.

Ramón Hoyos, aun así llegó a ser uno de los muertos vivientes, menos desafortunados. Clientes que osaron negar su compromiso con “su eminencia”, lo pagaron en las  páginas de la revista la cátedra vestidos de maricas, con titulares de prensa como: “las bailarinas de  de Balduz y Retomozo”; éstas  y actitudes homólogas  de Burgos, dejaban a sus deudores, como sobrado de tigre, por un buen tiempo.

En otra ocasión, el cura Burgos invitó al humorista paisa  Guillermo Zualuaga  Montecristo a su  casa almorzar, so pretexto de hacerle una  merecida atención; efectivamente cuando el humorista arribó  casa, fue objeto de grandes atenciones y como era de esperarse, sonó el cristal en la improvisada fiesta. Tan contento estaba montecristo con los “Embellecedores”, que soltó todo su repertorio de chistes, a punto de que la casa de “monseñor”, se fue llenando de curiosos.  En una paradita  de Montecristo a hacer pipí, el cura Burgos a instancias de él, planilló a los fortuitos visitantes, cobrándoles la entrada

  Brillantes profesionales    pautaran en la Cátedra;   si por  cualquier circunstancia,   no le cancelaban la deuda, pagaban con creces su osadía. A los abogados morosos los convertía en simples tinterillos ó rábulas. Médico que “sufría de amnesia”, era reducido a simple tegua ó matasanos. Cuando el moroso era un ingeniero civil, pasaba al antro de los albañiles; claro que  siendo mas generosos con ellos, bajaban a la categoría de empañetadores o cogegoteras. Los parlamentarios que caían en desgracia al incumplir a tiempo  sus compromisos con la Cátedra, los descendía del pedestal de Padres de la patria a simples hijos de puta; siendo generoso los aceptaba como hijos de madre soltera. Claro que su castigo implacable, no sólo lo aplicaba a quienes no le pagaban sus avisos, también a los que le dejaban en su Heladería-Restaurante,   vales de dudoso recaudo, por concepto de consumo de fríjoles con garra de “mirapalsuelo”, su especialidad

Burgos fue  fundador   del Independiente Medellín, pero asimismo un férreo defensor del jugador criollo ; no permitía    la presencia de extranjeros en el DIM y en el Nacional. Cuando ello sucedía, no dudaba en titular la presencia de los argentinos, quienes eran los que más detestaba con comentarios  como: «Llegaron más troncos del sur del continente. Argentinos que huelen a cagajón». Menos mal que los jugadores ya estaban advertidos del vocabulario poco ortodoxo del Cura y algunos hasta gozaban con estos epítetos.

 Los últimos días de este empírico del periodismo, fueron tan grises como las circunstancias que atropellaron su niñez  en ese pueblo cafetero del suroeste antioqueño. Una diabetes, de la que después llegó a decir con ironía, que tenía nada de dulce, le precipitó la amputación   de sus dos piernas. Este y otros achaques conexos le bajaron su autoestima. “Esta enfermedad que tanto, me acobarda, para alguien de un espíritu tan fogoso como yo, es muy horrible estar aquí encerrado en una silla de ruedas, sin poder caminar, sin poder salir con mi familia”, le llegó a decir en una de sus últimas entrevistas al periódico El  colombiano. 

El 16 de julio de 1989, a sus 76 años murió quien fuera el irreverente periodista que con su pluma mordaz, puso en la picota pública a más de un morosos, pero que aun así muchas de sus “víctimas”, quizás con un ligero toque de masoquismo, hoy , a menos de  un año  del   primer aniversario de su natalicio, le recuerdan con cariño, emulando la canción  la canción de Armando Manzanero que en uno de sus apartes reza: “Soy tan feliz, de disfrutar algunas veces tus regaños”.

Su hijo Fernando, quien dice que fue el heredero en primer grado de su padre, por ser el que más cercano estuvo de él y a quien a propósito Burgos le rogó, no dejar morir la cátedra, comenta con hilaridad: yo único que le heredé al viejo  fueron las cuentas por pagar, la diabetes, el traguito y el cementerio viviente de los deudores morosos. Y agrega con el mismo tonito del cura: “si con todo lo que les hizo mi padre para obligarlos a ponerse al día con la revista , no le pagaban , menos a mí que soy una güeva”. Aún así, Fernando ya tiene el machote de la revista, con la que con la ayuda del sector oficial, la empresa privada y los buena Paga, tratará de sacar adelante la publicación y, de esta manera rendirle   homenaje a un periodista empírico, que supo ganarse, a pesar de todo, la simpatía de los antioqueños.

Fuentes:

 Orlando Cadavid Correa , “La historia gráfica del deporte y arte taurino”, Fernando  Burgos, Periódico El Colombiano, Jorge Wolff, Concejala María Mercedes Mateos

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